viernes, 4 de octubre de 2013

18/OCTUBRE: DÍA CENTRAL DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

El Señor de los Milagros, conocido también como el Cristo Morado, Cristo de Pachacamilla, Cristo Moreno o Señor de los Temblores, es la imagen más venerada en el Perú ubicada en el Altar Mayor del Santuario de las Nazarenas en Lima.

Su historia se remonta hacia la época de la Colonia, cuando el virreynato del Perú era administrado por el Virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra. Corría el año 1651 y un esclavo angoleño, de nombre Pedro Falcón, uso una de las paredes de un viejo galpón en Pachacamilla para plasmar la imagen de Cristo crucificado.

Pachacamilla se formó en 1622 cuando en Lima ya se había experimentado un sustancial crecimiento, con 25 mil habitantes que vivían en la zona céntrica de la ciudad, mientras que en los solares estaban los esclavos indios y negros.

Falcón pintó la imagen de Jesucristo en una pared tosca, muy cerca a una acequia de regadío y con un acabado imperfecto. Muchos no le dieron valor a la pintura, porque además Falcón no había estudiado pintura y trabajó la obra básicamente por su devoción a Cristo.

Pero, poco a poco, la imagen recibió la visita de muchos fieles, quienes adoptaron a aquel Cristo como patrón de la cofradía y lo bautizaron como el ''Cristo Moreno'', debido a las raíces culturales de quien fue autor de la obra.

El 13 de Noviembre de 1655, un terrible terremoto azotó Lima ocasionando el derrumbe de templos, mansiones y viviendas, en cuyos restos se encontraron miles de muertos, además de los danmificados. En Pachacamilla, las paredes de la cofradía se derrumbaron menos una, aquella donde se erguía la imagen de Cristo Crucificado, que yacía sin ningún rasguño.

Se trató de un auténtico milagro y pese a que luego de ese terremoto ocurrieron más réplicas, la imagen del Cristo Moreno se mantuvo en pie, motivando la llegada de más devotos hacia Pachacamilla, quienes levantaron un altar en la cofradía.

De esa forma, se generó esta devoción por el Señor de los Milagros. Ocurrieron más sismos, miles de enfermos se entregaron a su palabra y su fe les devolvió la alegría. Octubre es por tradición, un mes de recogimiento para el pueblo católico peruano.

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