jueves, 8 de agosto de 2013

12/AGOSTO: FIESTA DE SANTA CLARITA EN TUMBES

En un sector campestre, a escasos kilómetros de nuestra ciudad capital, todos los años se celebran la festividad de Santa Clarita, la cual tiene su origen en el hallazgo de una pequeña estructura pétrea cuyas formas y facciones semejan a las de una Virgen que se venera en el Ecuador, razón por la cual gran cantidad de gente de ese país acude anualmente a esta celebración.

Santa Clarita no es un pueblo. Es un descampado en el cual todos los años, por esta fecha, centenares de propios y extraños alternan su fervor religioso, la música, la cerveza, el bullicio la alegría y el relajamiento. Es una fiesta pueblerina con todos sus ingredientes: Carrera de caballos, peleas de gallos, partidas de fútbol, baile, misa, procesión, entre otras actividades.

Santa Clarita se refugia en su soledad y en el olvido durante todo el año, pero se engalana para su fiesta patronal dirigida y organizada por un grupo de personas desde Zorritos.

Este poblado de un día, conserva su desfachatez campesina. El carro avanza zarandeándose y levantando polvo del camino. El disco dorado del sol abruma a la creciente muchedumbre, con sus rayos fosforescentes. Al llegar allí se puede apreciar, en primer lugar, la capilla en la cual se venera la sagrada efigie. A sus espaldas un cerro deslucido, de exigua vegetación, unos arbustos raquíticos y destartalados que susurran y se mecen al compás de un suave viento. Soñas y chilalos están dándole forma al campo .

Al llegar, el peregrino se ve envuelto por un numero de trinos distintos a manera de bienvenida y el aroma salvaje de la hierba reseca diseminada por la campiña. Un cielo añil y diáfano que por momentos se nubla por la polvareda que levanta la interminable caravana formada por cientos de vehículos que llegan y llegan.

Un aire embalsado por el abandono y el silencio y lejos de las fritangas cuyos olores despiden los incontables tambos instalados para la ocasión y que en este día aromatizan el ambiente e inundan las fosas nasales. Una yunta de moscas retoza en la carne seca y salchichas que se exhiben en los tendales. Algunos deambulan atiborrados de alcohol. Por allí se escucha un par de notas descarriadas entre los parroquianos.

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